
Hombre,
quisiera escuchar el mensaje
que en la aurora se desgrana
entre la caricia de la hierba
y el beso del rocío,
pero hiere mi pecho tu grito
que clama a los cielos justicia
por los mártires sin sentido.
Quisiera ver tu cara iluminada
por el milagro de la vida
que deja cautivas las penas
en los senderos del olvido,
pero atribulada veo el cristal
que impío lacera tus mejillas
con lágrimas de sangre
y de fuegos encendidos.
Quisiera ofrecerte una caricia
de viento sobre el cuerpo,
un sol entibiando tus entrañas,
la lluvia bebiendo tus lamentos…
y sin embargo, sólo huelo a pólvora
y sucumbo contigo
en el infierno de las guerras
que se lloran en silencio.
¿Qué hemos hecho tan mal
que nos castigan de este modo
las penas?
¿Cuántos hermanos más han de morir
para abonar nuestra tierra?
¿Dónde encontraremos la luna
que se perdió entre sombras
carcomida por las tinieblas?
Hombre:
¡Soy tu Eva, la Eva de un infierno!
Depone las armas yertas
antes que yerto cierres tus ojos
escuchando el aullido del viento
que sabe a muerte y a fuego…
¡Alto!
¡Sé Adán, aún pecando,
pero nunca muerto!
quisiera escuchar el mensaje
que en la aurora se desgrana
entre la caricia de la hierba
y el beso del rocío,
pero hiere mi pecho tu grito
que clama a los cielos justicia
por los mártires sin sentido.
Quisiera ver tu cara iluminada
por el milagro de la vida
que deja cautivas las penas
en los senderos del olvido,
pero atribulada veo el cristal
que impío lacera tus mejillas
con lágrimas de sangre
y de fuegos encendidos.
Quisiera ofrecerte una caricia
de viento sobre el cuerpo,
un sol entibiando tus entrañas,
la lluvia bebiendo tus lamentos…
y sin embargo, sólo huelo a pólvora
y sucumbo contigo
en el infierno de las guerras
que se lloran en silencio.
¿Qué hemos hecho tan mal
que nos castigan de este modo
las penas?
¿Cuántos hermanos más han de morir
para abonar nuestra tierra?
¿Dónde encontraremos la luna
que se perdió entre sombras
carcomida por las tinieblas?
Hombre:
¡Soy tu Eva, la Eva de un infierno!
Depone las armas yertas
antes que yerto cierres tus ojos
escuchando el aullido del viento
que sabe a muerte y a fuego…
¡Alto!
¡Sé Adán, aún pecando,
pero nunca muerto!



